¿100 %, 50 % o tarifa fija? Cuánto cobrar cuando un cliente no viene
La cifra que pongas no es un número al azar: es un mensaje. Si cobras demasiado poco, no disuade a nadie; si cobras de más, pareces un cazador de multas y te ganas una reseña de una estrella. El punto correcto casi nunca es "el 100% porque me lo debe". Suele estar en algún sitio entre el coste real que te genera el hueco vacío y lo que hace falta para que la próxima vez la persona se lo piense. Aquí desgloso cómo encontrar ese punto según tu tipo de servicio, con importes orientativos y el lado legal, que conviene no ignorar.
Antes de nada, una aclaración que ahorra malentendidos. Cobrar una ausencia es legal en España si has informado antes y la persona lo aceptó; el importe, en cambio, tiene que ser proporcional. No es lo mismo el derecho a cobrar que el derecho a cobrar lo que te dé la gana. Si quieres el terreno legal completo antes de fijar precio, léelo en ¿es legal cobrar una cita no asistida?. Con eso claro, vamos al número.
Los tres criterios que deciden el importe
Toda cifra defendible sale de cruzar tres cosas. No hace falta que las cuadres con una fórmula: basta con que ninguna de las tres grite.
Proporcionalidad. El importe tiene que guardar relación con lo que te ha pasado. Un juez, la AEPD o simplemente el sentido común de tu cliente miden por ahí. Cobrar 150 € por faltar a una sesión que cuesta 45 € no es una penalización, es una sanción, y de esas se dice que son cláusulas abusivas. La regla mental es sencilla: si tuvieras que explicárselo a la persona a la cara, ¿te sonrojarías? Si sí, es demasiado.
Coste real de la ausencia. Cuando alguien no aparece, no pierdes solo "la cita". Pierdes el hueco que otro habría ocupado, el tiempo de preparación, a veces material fungible que ya abriste. Ese coste es tu suelo: por debajo de él, no te estás protegiendo, te estás haciendo el simpático a tu costa. Si nunca lo has calculado, en cuánto cuesta realmente un no-show tienes el desglose para ponerle una cifra a tu caso.
Señal psicológica. Y este es el criterio que casi todo el mundo olvida. El importe no está solo para compensarte: está para que la persona sienta que faltar tiene consecuencias. Y aquí ocurre algo curioso. El salto de "cero" a "algo" pesa muchísimo más que el salto de "algo" a "más". Pasar de no cobrar nada a cobrar 20 € cambia el comportamiento de mucha gente; subir de 20 € a 40 € apenas mueve la aguja. La primera moneda es la que disuade. El resto es matiz.
Cruza los tres y el rango se estrecha solo. El coste real te da el mínimo, la proporcionalidad te da el máximo, y la señal psicológica te dice que no hace falta acercarte al techo para que funcione.
Las tres fórmulas habituales
En la práctica, casi todo el mundo acaba en una de estas tres. Ninguna es "la buena": cada una encaja con un tipo de servicio.
Cobrar el 100% del servicio
Es la más intuitiva ("no vino, me debe la cita entera") y la más peligrosa si la aplicas a lo loco. Tiene sentido cuando el hueco es prácticamente irreemplazable y el coste de la ausencia se acerca al precio íntegro: sesiones largas bloqueadas en exclusiva, servicios que exigen preparación cara, profesionales cuya agenda va a tope y no rellenan una baja de un día para otro.
Un fisioterapeuta que reserva 50 minutos de camilla para una primera valoración, que no puede vender a nadie más con dos horas de aviso, tiene argumentos para cobrar el importe completo. Un peluquero con una lista de espera que llena cualquier hueco en veinte minutos, no: cobrar el 100% de un corte de 18 € cuando ya has metido a otra persona en la silla es cobrar dos veces por el mismo tramo. Ahí el 100% deja de ser proporcional.
Cobrar el 50% (o una fracción)
El término medio, y por algo es tan común. Reconoce que has sufrido un daño real sin pretender que el daño equivale al servicio entero. Encaja de maravilla cuando parte del hueco sí es recuperable, cuando el ticket es alto (y el 100% asustaría) o cuando quieres una política que la gente perciba como razonable a la primera.
Un tratamiento de estética de 120 € con un 50% de penalización te deja 60 € de colchón por la ausencia: suficiente para cubrir el hueco perdido, poco suficiente para que alguien lo sienta como un atraco. Es la fórmula que mejor equilibra los tres criterios de arriba en la mayoría de los negocios de ticket medio-alto.
Cobrar una tarifa fija de penalización
Un importe cerrado, igual para todos, independiente del servicio reservado: 20 €, 30 €, 40 €. Su gran virtud es la claridad. La persona sabe exactamente a qué se expone antes de reservar, sin cálculos ni porcentajes, y tú comunicas una regla de una sola frase.
Brilla en dos escenarios. Uno: servicios de precio bajo o muy variable, donde un porcentaje daría cifras ridículas (¿el 50% de una sesión de 30 €?) o injustas entre distintos servicios. Dos: cuando lo que buscas es puro efecto disuasorio, no compensación. Recuerda lo de la primera moneda: para muchos negocios, una tarifa fija modesta corta las ausencias casi tanto como una penalización proporcional más agresiva, y genera la décima parte de fricción. Menos gente se enfada por 25 € claros que por "el 50%, que en tu caso son…".
Tabla orientativa por tipo de negocio
Orientativa, insisto. Tu coste real y tu tasa de reemplazo mandan sobre cualquier tabla. Pero si necesitas un punto de partida, esto es lo que veo funcionar:
| Tipo de negocio | Ticket típico | Fórmula recomendada | Importe orientativo |
|---|---|---|---|
| Peluquería / barbería | 15-40 € | Tarifa fija | 10-15 € |
| Centro de estética | 40-150 € | 50% del servicio | 20-60 € |
| Fisioterapia | 40-60 € | 50-100% (según agenda) | 25-50 € |
| Clínica dental (higiene/revisión) | 40-80 € | Tarifa fija o 50% | 20-40 € |
| Psicología / terapia | 50-80 € | 50-100% de la sesión | 30-70 € |
| Nutrición | 40-70 € | 50% de la consulta | 20-35 € |
| Entrenador personal | 25-50 €/sesión | 100% de la sesión | 25-50 € |
| Tratamiento largo o de alto valor | 200 €+ | 30-50% | 60-120 € |
Fíjate en el patrón. Cuanto más bajo y homogéneo es el ticket, más gana la tarifa fija. Cuanto más alto, más sentido tiene un porcentaje: un fijo de 25 € ni disuade ni compensa en un tratamiento de 300 €, y un 100% de 300 € es una barbaridad que ni cobrarás ni deberías. El 30-50% ahí es lo sensato.
Y un matiz que la tabla no recoge: la cancelación de última hora no es lo mismo que la ausencia sin avisar. Cancelar a las tres horas te da algo de margen; no aparecer no te da ninguno. Muchos negocios cobran menos (o nada) por la cancelación tardía y reservan la penalización completa para el plantón sin aviso. Cómo articular esa diferencia sin liarte lo tienes en cobrar por cancelación de última hora.
El riesgo que nadie te cuenta: la cláusula abusiva
Puedes tener toda la razón moral del mundo y aun así perder si el importe es desproporcionado. La normativa de consumo en España mira con lupa las penalizaciones a particulares, y una cifra que no guarde relación con el perjuicio real puede considerarse cláusula abusiva, es decir, nula. Nula significa que no la cobras, aunque la persona la hubiera "aceptado" al reservar.
No hace falta que memorices artículos. Quédate con los principios, que son los que aguantan cualquier revisión:
- Informa antes, no después. La penalización tiene que estar visible en el momento de reservar, no aparecer por sorpresa cuando vas a cobrar. Sin información previa no hay acuerdo, y sin acuerdo no hay nada que cobrar.
- Que sea proporcional al daño. No al enfado. El importe debe poder justificarse por lo que la ausencia te costó de verdad.
- Guarda prueba del consentimiento. Qué texto aceptó la persona, cuándo y desde dónde. Es lo que te salva si algún día alguien discute el cargo con su banco.
Ese registro no es un detalle burocrático: es tu defensa. Cuando el cobro va ligado a una tarjeta dejada como garantía en la reserva, el consentimiento queda documentado solo, con su texto, su fecha y su IP, y cualquier disputa deja de ser tu palabra contra la suya. Sobre cómo funciona esa mecánica y por qué protege a las dos partes, la tarjeta como garantía, explicada lo cuenta sin humo.
Cómo comunicarlo para que se acepte
Un buen importe mal comunicado se vive como una trampa; un importe idéntico bien comunicado se vive como una regla justa. La diferencia no está en la cifra, está en el marco.
Preséntalo como protección mutua, no como castigo. "Para poder reservarte este hueco en exclusiva, pedimos…" suena a acuerdo. "Si no vienes te cobramos…" suena a amenaza, aunque el importe sea el mismo. La persona que sí piensa venir no tiene nada que temer, y es a ella a quien le hablas.
Dilo al reservar, con una sola frase clara, y no lo escondas en un enlace de términos que nadie abre. Que la cifra sea explícita: "penalización de 25 € si no acudes ni avisas con 24 horas". Nada de porcentajes que la gente tenga que calcular ni de condiciones enterradas. La claridad al principio compra toda la tranquilidad después. El importe encaja dentro de una política más amplia, así que conviene redactarlo dentro de ella; tienes ejemplos de política de cancelación listos para adaptar y, para el tono al comunicarla, cómo comunicar tu política.
Y deja una salida honrada. Una política que permite cancelar o reprogramar con margen sin coste, y que solo penaliza al que desaparece sin avisar, se percibe como justa porque lo es. No estás cazando a nadie: estás protegiendo un hueco y dando a la persona todas las oportunidades de liberarlo a tiempo.
El mejor importe es el que casi nunca llegas a cobrar, porque su sola existencia hizo que la gente apareciera. Si aciertas con la cifra y con la forma de decirla, la penalización se convierte en lo que siempre debió ser: no una fuente de ingresos, sino un seguro que rara vez usas.
Preguntas frecuentes
¿Puedo cobrar el 100% del servicio si alguien no aparece?
Puedes, pero solo si es proporcional al daño real. Tiene sentido cuando el hueco era prácticamente irreemplazable o el coste de la ausencia se acerca al precio entero: sesiones largas en exclusiva, servicios con preparación cara, agendas a tope. En servicios de ticket bajo o fácilmente rellenables, cobrar el 100% puede considerarse desproporcionado y quedar como cláusula abusiva.
¿Qué importe disuade sin espantar al cliente?
Menos del que la mayoría cree. El salto que cambia el comportamiento es pasar de no cobrar nada a cobrar algo; una vez ahí, subir la cifra apenas mueve la aguja. Para muchos negocios, una tarifa fija de 20-30 € o un 50% del servicio corta las ausencias casi tanto como una penalización agresiva, con mucha menos fricción.
¿Es mejor un porcentaje o una tarifa fija?
Depende del ticket. La tarifa fija gana cuando el precio es bajo o muy variable, porque es clara y evita cifras ridículas o injustas entre servicios. El porcentaje (normalmente 50%) encaja mejor en tickets medios y altos, donde un fijo ni compensa ni disuade y un 100% asustaría. En tratamientos de mucho valor, un 30-50% suele ser lo más razonable.